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La fuente de Gándara: entre el cielo y la tierra

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La fuente de Gándara: entre el cielo y la tierra

 

En muchos de los post os hemos hablado de las fuentes de las que brota nuestra materia prima más valiosa, el agua mineral natural, y sobre las cuales han pivotado la historia de Aguas de Mondariz desde sus orígenes. Se trata de las fuentes de Troncoso y Gándara. La historia de esta última, la de Gándara, es que abordamos en este post.  

La apariencia actual de esta fuente dista mucho de lo que era originalmente: “una charca excavada en la tierra vegetal de un metro cuadrado” en la que el agua surgía de “un suelo granítico por la pequeña hendidura de una roca”, tal y como se describe en 1877 en la obra Hidrología Médica de Galicia firmada por Taboada Leal.

Una vez que Sabino Enrique Peinador Vela, fundador de esta casa y la misma persona que descubrió el manantial de Gándara, comprueba las virtudes minero medicinales del agua que allí brotaba, decide construir una fuente de hierro fundido, adornada de unos bancos rústicos. De este modo, en  1879 la fuente empieza a parecerse a lo que hoy conocernos.

Tras añadirse las marquesinas, la fuente de Gándara se va convirtiendo en todo un símbolo de identidad para el balneario de de Mondariz, y de la que se habla en algunas publicaciones de la época dedicadas a la arquitectura y el arte. Además, empieza a crecer el mito alrededor de esta fuente, estableciendo un bello paralelismo entre el carácter sagrado de las aguas y esta edificación.

“Es digna mención la reja que aísla el recinto donde surge la fuente de Gándara, reja que por su elegante corte parece hermana de cualquiera de las mejores que se ufanan las iglesias de Compostela, a bien que el agua de Mondariz tiene algo de sagrada. No en vano la designó en categoría inmediata a la del bautismo y a la bendita un notable escritor, agradecido a sus salutíferos efectos”, afirmaba Las aguas de Mondariz. Album-Guía (1899).

A principios del siglo XX cogen el relevo en la remodelación y caracterización de esta fuente y su entorno los arquitectos Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, quienes se encargan, entre otros proyectos, de que la primera planta embotelladora, colocada en su día al lado de la fuente, guarde una armonía con la fuente y creen una unidad en apariencia basada en la concepción clásica de ambos edificios.

Fue en la época capitaneada por estos dos arquitectos de renombre, en la que, gracias unos sillares separados por profundas hendiduras con lo se consigue un efecto  lumínico que recuerda a las sobrias construcciones clásicas. No es casualidad, que la estructura monumental de la fuente se haya comparado con edificaciones sagradas y fuera nombrada como “templo”, “catedral” y “palacio de las aguas”.

Una vez más, la fuente se vuelve a comparar con algo sagrado, mágico, divino. Asimismo se afirma que los arquitectos pretendían simbolizar la unión de la tierra y el cielo, que viene siendo, el principio y el fin. De hecho, la frecuente expresión “peregrinar a las aguas” rubrica este carácter sagrado del espacio, en el que la fuente es la meta hacia la que se dirige el peregrino.

Después de toda esta historia, ¿os habéis quedado intrigados con el aspecto de la fuente? Aquí tenéis una fotografía 360 grados para que os hagáis una idea de lo que os hemos contado. 

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